Notario volvio a salir al rescate del Celta y evitó la derrota en Ipurúa con dos grandes paradas.

Antonio Notario se ha convertido ya en un habitual de esta sección y esto no es precisamente un síntoma de buena salud. Si el portero es la estrella es porque el equipo no ha rendido como se esperaba y esto reza perfectamente para el partido jugado ayer en Ipurúa. Tras una primera parte de poco trabajo, en la que ninguno de los dos equipos pisó el área contraria, la figura de Notario emergió de forma providencial en el segundo tiempo, cuando el Eibar incrementó el ritmo del partido y llegó en oleada al área celeste.
Excelente colocación - Una de las grandes virtudes de Notario es que acostumbra a estar colocado para tener tiempo de desactivar el contragolpe del rival. En partidos anteriores lo hemos visto salir con autoridad y despejar el balón de cabeza para desactivar jugadas peligrosas. Ayer le vimos también en otra faceta decisiva en el fútbol: el mano a mano con el delantero. El catalán desactivó dos jugadas con marchamo de gol: la primera, tras un error en cadena de Edu Moya y de Peña que le dejó solo ante Cases; la segunda, un mano a mano con Carlos Rubén, que encaraba solo la portería. En el primer caso se estrelló su pecho contra el balón, en el segundo sacó una mano portentosa. No es la primera vez esta temporada que Notario se saca de la manga una estirada inverósimil, aunque sí es la primera vez que el Celta saca rédito de su trabajo.